14 de Septiembre, 4:20 a.m...
La muerte asaltó hace 3 semanas mi hogar (muy poco constituido y cálido, pero hogar al fin y al cabo)...
Se llevó a mi abuela, a mi "weli". A quien yo siempre supe que amaba, pero a quien nunca pude decírselo con toda la franqueza del mundo, producto de mi orgullo. Se la llevó, de súbito, Se la llevó, y con eso me remeció la tierra bajo mis pies. Se la llevó, y yo teniendo tantas cosas pendientes que decirle. Se la llevó, y me obligó a cobrar consciencia de que no sería tan fácil sobrellevar la soledad que tanto anhelé, porque ella era parte imprescindible en mi vida. Años sin sentir un dolor tan profundo.
Al menos pude cuidarla en sus últimas horas, y cantarle una hermosa canción en su despedida, eso me consuela un poco. Ya que producto de esos azares de la vida, pude entender que se fué en paz conmigo, independiente de nuestras últimas rencillas. Mi weli, mi viejita linda y porfiada, a quién tantas veces le pedí muy molesto que dejara de ordenarme la pieza porque yo "debía hacerme cargo de mi vida". Mi weli, mi viejita tierna, que tanto amor sentía por quienes eran su familia...
Es muy duro asumir todo esto de golpe. Su muerte, y una soledad repentina que inevitablemente me sobrecoge... Siempre he sabido que la vida es rarísima, pero a veces suceden cosas inesperadísimas, que ni si quiera sabes si podrás dominar, y que te llevan a algo completamente desconocido. Ya no sólo debo lidiar con ese dolor tan enorme que sabía que sentiría, sino que además ahora debo aprender a vivir como una persona solitaria que tenga la entereza de sobrellevar dicha situación que, quizás no es tan terrible, pero que sí implica un grado de autocontrol y estabilidad elevados. Todo se me vuelve un misterio. Todo.